sanidad ad-libitum

"Cuando la piedad está desconectada de la justicia, se vuelve despiadada.” 

 Esta  idea de C.S. Lewis  fue evocada en relación a los 100 días de prisión pija /  cabeza de militante socialista que le cayeron a Anders  Breyvik. Con ella la idea progresista de una “justicia humanitaria” que ha terminado sustituyendo una sentencia definida por una sentencia indefinida. Así agraviando tanto a las víctimas como al condenado.A este último  retirándole sus derechos como persona, indefinidamente. A las primeras y a sus familias al considerar que su daño es irrelevante a la hora de determinar la pena.

Según Lewis , si a muchos no puede dejar de sonarles a hueco la autocomplacencia escandinavo-progresista por haber evitado la "venganza"  es porque únicamente el concepto de merecimiento puede unir la pena con la justicia. Porque solamente  como" merecida e inmerecida"  una sentencia puede ser justa o injusta. Que se es digno de algo, sea de signo positivo o negativo, en relación a una norma que así lo indica. Y que cuando no hay  señales inambiguas acerca del coste de las acciones el resultado solo puede ser la arbitrariedad. Y, en consecuencia,que el concepto de una justicia puramente rehabilitadora, terapéutica, es un concepto potencialmente totalitario.

No se ha retirado a ningun faculatativo mundano  la licencia de ejercicio profesional,  luego parece dificil asignarle un contenido a este  "derecho a curar":  salido de la chistera y sin mas cualificación que su apelación a una igual "piedad" ciega y desprovista de criterio. Asignarle un contenido que no sea una  “Caja negra “,  donde desaparecen las decisiones políticas y los criterios de asignar unos recursos sanitarios públicos finitos: unos recursos que nos son propiedad de los profesionales que los administran. Una noche donde todos los gatos son pardos

Se diria que en el prodigio de racionalidad y eficiencia que fueron los servicios sanitarios hasta la fecha, los mundimédicos nunca hicieron un triage, ni retrasaron operaciones necesarias hasta que ya no tuvo remedio. Ni evitaron corporativamente la participación de proveedores privados de servicios. (Lo anterior es la forma habitual, con recursos limitados, de hacer un racionamiento de los servicios en los sistemas de medicina socializada)

Así,  identifican  la cobertura universal, con la gratuidad de esta y con un único proveedor para la misma. Y a este único proveedor con el Estado dentro del Estado en que con frecuencia se han convertido los servicios públicos sanitarios. (“El impulso de salvar a la Humanidad esconde casi simpre el impulso de gobernarla” decía Mencken) . La cobertura universal puede garantizarse con un sistema generoso de subvenciones directas a los mas necesitados. Pero la gratuidad no existe. Y cuando se oculta el coste de los servicios sanitarios los consumidores consumen en exceso y los productores ,( el Estado en este caso), producen en exceso. (vid Can Misses bis). Solo tras introducirse un  pago mínimo de  los medicamentos se ha hecho bajar el uso de estos un 20%. Un 20% que, aplicado  hace décadas, hubiera podido dedicarse a prevención, a cirugía....o a trasplantes.  Resultado injusto, inequitativo. “Derecho a curar” ad libitum quizás. Piedad separada de la razón; piedad despiadada. Las políticas deberían juzgarse por los incentivos que crean , no por lo angélico de sus intenciones, dijo Thomas Sowell.

Y se sigue confundiendo interesadamente la hostilidad hacia la inmigración con la necesidad de hacerla compatible con las libertades; con no despertar los demonios del tribalismo.Con hacerla compatible con el imperio de la ley; pues este es imprescindible para evitar la percepción social de inequidad. El empleo no es un juego de suma cero. Las sociedades se benefician de la inmigración. Las naciones con fertilidad baja especialmente. Razón por la cual tiene sentido económico una política inmigratoria abierta y no restrictiva. Tan abierta como sea posible sin despertar los demonios del tribalismo. (reitérese , pues estos existen  )

Así una cosa es proporcionar atención médica a los inmigrantes irregulares. ( lleva siglos haciéndose, ) Y otra cosa, completamente diferente, es proporcionarles la misma cartera de servicios que a inmigrantes plenamente legales y a ciudadanos del país; en las mismas instalaciones, con los mismos recursos y a cargo de las mismas partidas, Lo primero es humano y es prudencial. Propio de cualquier sociedad civilizada Lo segundo es inequitativo; lo segundo es un agravio comparativo con los inmigrantes legales . Es " injusto". Socava la autoridad de las normas comunes. Desconecta la idea de merecimiento.  No se practica en países de nuestro entorno.No se practica en democracias mucho mas antiguas.

Y es además jugar con fuego. Algo muy diferente al empleo en una economía abierta son los servicios públicos en una economía en crisis. Estos sí se convierten se convierten en un juego de suma cero. (Ganancia de unos se convierte en la perdida de otros). Si algo dice la persistencia de los falsos mitos sobre un uso excesivo de los servicios sanitarios por los inmigrantes es algo que ya se sabía. Que unas condiciones de reducción de servicios, de listas de espera kilométricas invitan a suspicacias respecto a quienes pueden haberse estado "saltando la cola". Favorecen la sospecha de los acentos, colores e indumentarias exóticos. Siembra las semillas de la desconfianza mutua, en relación al respeto a las reglas comunes y a la vigencia de estas.  Al respeto a las reglas que obligan a todos. Y como señalo el viejo Hayek en el epilogo a"Ley, legislación y libertad", no es concediendo un "trato y respeto igual" a quienes rompen el código como se mantiene la civilización...Lo que convierte a un individuo en miembro de la sociedad y da validez a sus demandas es que obedece sus reglas.

Los tiempos de obtener beneficios políticos a base de aumentar la altura, anchura y profundidad del pesebre deberían haber terminado. Los tiempos de una sociedad civil que delega en el estado todas sus responsabilidades  también . Los tiempos para los complejos de un tardofranquismo culpabilizado ante chantajes corporativos tambien.. Ignorarlo es padecer una minoría de edad culpable como ciudadano/  político. Sin cabeza y corazón, el país que salga de la crisis puede ser peor que el que entró.La piedad se habrá devorado a sí misma.